Eudemonía
Epístola #17

La trampa NO es la falta de tiempo

Por Óscar Martirena

AC/DC – Aprender, Compartir, Disfrutar y Contribuir

Durante años pensé que el gran problema de nuestra época era la falta de tiempo. Que vivimos desbordados porque las horas no alcanzan, porque todo se acelera, porque la agenda siempre va por delante de nosotros. Era una explicación elegante, fácil de compartir en una comida y muy reconfortante para la conciencia.

Y, sin embargo, cada vez estoy menos convencido.

Séneca decía que no es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Yo iría un poco más allá: no solo lo perdemos fuera, también lo perdemos por dentro, en forma de fricción mental innecesaria.

Porque el verdadero desgaste no suele venir solo de lo que hacemos, sino de cómo lo sostenemos internamente. De la fricción constante con la que vivimos situaciones bastante normales, pero de una forma sorprendentemente ineficiente.

Pensemos en una escena cotidiana. Abres el ordenador para “mirar una cosa rápida”. Diez minutos después estás respondiendo a algo que no era urgente, leyendo algo que no te interesa demasiado y pensando en una tercera cosa que no vas a hacer hoy. Cierras el portátil media hora más tarde con la sensación extraña de que no has avanzado gran cosa, pero te notas cansado. Como si hubieras corrido… en una cinta.

Eso no es falta de tiempo. Es desgaste innecesario.

Nos pasa porque hemos normalizado vivir con demasiados temas abiertos a la vez. Compromisos a medio pensar, decisiones pendientes, recordatorios mentales del tipo “no te olvides de…”, tareas que empiezan sin saber muy bien cuándo o cómo terminan. Todo eso no ocupa espacio físico, pero ocupa atención. Y la atención se agota.

La mente humana es obediente. Si le pedimos que recuerde todo, lo intenta. Si le pedimos que decida en segundo plano mientras hacemos otra cosa, también. El problema no es que falle, es que se cansa y esto nos hace volvernos más reactivos, menos claros y poco amables con nosotros mismos.

He visto a muchas personas bien intencionadas convencerse de que el cansancio es el precio normal de una vida adulta.  

Nos hemos acostumbrado tanto a este ruido que lo hemos normalizado. Incluso lo aplaudimos. Decimos que estamos “a tope”, “liados”, “hasta arriba”. Como si el cansancio fuera una prueba de valor. Como si vivir tensionados fuera el precio inevitable de una vida plena. Pero no lo es.

Una de las ideas más sencillas que he aprendido y que curiosamente más resistencia genera, es que cuando algo empieza a hacer ruido en la cabeza, no necesita más pensamiento, sino salir de ahí. Darle un lugar externo, concreto, fiable. No para resolverlo inmediatamente, sino para dejar de cargarlo.

No es una gran revelación filosófica. Es más bien una decisión práctica. Y funciona porque la mente, cuando confía en que no tiene que vigilarlo todo, se relaja. Piensa mejor. Decide mejor, y de paso, vive un poco mejor.

En la Escuela de Eudemonía hablamos mucho de salud, de relaciones, de propósito, de descanso. Todo eso importa. Pero hay algo más básico que sostiene el conjunto, y es la forma en la que gestionamos nuestra atención en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que no sale en ninguna foto.

Por eso hemos creado el módulo de Efectividad Personal. No para enseñar a hacer más tareas pendientes antes de las seis de la mañana, ni para convertir la vida en un sistema de alto rendimiento. Creo justo en lo contrario, en devolver ligereza y conseguir que el día tenga estructura sin convertirse en una lucha constante.

No se trata de optimizar la vida.  Se trata de tener una buena vida, sin sentir que cada día hay que pelearla más de la cuenta.

Si últimamente tienes la sensación de que cumples, avanzas y haces lo que toca… pero con una fatiga que no termina de irse, quizá no necesites más tiempo. Quizá solo necesites dejar de llevar tanto peso en la cabeza como si fueras una mala oficina sin archivador.

A veces, vivir mejor no consiste en añadir nada nuevo, sino simplemente en dejar de llevarlo todo dentro.

Sigamos llevando el fuego.

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Este Próximo Mes en la comunidad (🔒)

Eventos

 🎙Lección #9 🡪 4 de mayo. Lo que no te atreves a querer.

Hay una diferencia sutil pero decisiva entre no saber lo que quieres… y no atreverte a quererlo. Porque querer de verdad implica elegir, y elegir implica renunciar. Por eso muchos se quedan en el “ya veré”, en ese espacio cómodo donde la vida pasa, pero no se decide.

Esta lección no va de tener un plan perfecto ni de respuestas inmediatas. Va de algo más incómodo y más honesto: darte permiso para desear, reconocer lo que ya está ahí, aunque no encaje con la vida que has construido, y empezar a escucharlo sin taparlo con excusas o prudencia.

Si estás en un momento en el que sientes que tu vida funciona pero no termina de ser tuya, esta lección es para ti. Porque no se trata de cambiarlo todo, sino de dejar de mirar hacia otro lado. Atreverte a querer es el primer acto de responsabilidad. Y lo que no nombras… también te está dirigiendo.

Encuentro Anual EDE. El  6 y 7 de junio.

En la Residencia Salesiana en Campello. Ya puedes reservar tu plaza en en el Ágora Virtual (80€ en Early Bird hasta el 24 de mayo, después 100€). Es exclusivo para miembros de la Escuela de Eudemonía. Forma parte de nuestra voluntad de fortalecer una comunidad de Eudemónicos que desean compartir el viaje misterioso de lo que es una buena vida. 

8 sesiones que no dejarán indiferente a nadie, con Rubén Escrivá, Verónica Menduiña, Mónica Serrano, Roxane Loiseaux, Daniel Poch, Óscar Martirena, Pablo Tovar… meditaciones con Guillermo Simó, energizers con Roxane y cena eudemónica en La Vela. ¡Que no te lo cuenten!

Destacado

🐣🐣 CreaTuVida. Esta semana, del 8 al 10 de mayo, llegamos a la 10.ª edición.

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