El miedo a volverte un cascarrabias amargado
Por Pablo Tovar
AC/DC – Aprender, Compartir, Disfrutar y Contribuir
Hay un miedo que casi nadie confiesa y que aparece a partir de los cincuenta. Yo lo quiero confesar aquí. Es el miedo a volverte un cascarrabias amargado.
Conozco bastante bien al modelo. Colin es un octogenario inglés que vive en Campello desde hace más de treinta años y no habla, o no quiere hablar, español. Era propietario del piso que está en el mismo rellano que el nuestro. No sé si aún vive, porque no sé nada de él desde que le compramos esa vivienda a finales de 2021.
Acercarse a él era casi imposible. Todo le parecía inoportuno. Todo era un problema. Irascible y desconfiado, no permitía que te aproximaras ni un milímetro. Aún no sé cómo fue posible comprarle el piso. Aceptamos sin rechistar la cantidad que nos pidió y Verónica se encargó de la poca relación que tuvimos con él. También ayudó que él contratara una inmobiliaria para la gestión.
Sé que la vida no fue fácil para Colin. Parece que perdió a su único hijo en un accidente de tráfico y que también perdió a su mujer. Por lo que pude ver, le quedaron el alcohol, una rutina cerrada y una mirada suspicaz, dura y distante. No era maldad. Era amargura.
Te hablo de Colin no para criticarlo, pobre hombre. Te lo cuento como aviso. Como la versión de mí que podría existir dentro de veinte años si no estoy atento.
No quiero victimizarme, pero tengo motivos para caer en esa deriva. De hecho, muchos los tienen. Y yo también noto que mi carácter tira a veces en esa dirección. El amargado no nace. Se hace. Día a día. Por inercia.
La rabia y la ira que muchos sentimos ante el mundo son legítimas. Lo digo en serio. Hay razones para enfadarse. Vivimos rodeados de ruido, incertidumbre, deterioro institucional, injusticia, aceleración tecnológica y una sensación creciente de fragilidad. Muchos miramos el futuro de nuestros hijos con preocupación. Muchos sentimos que el contrato social se ha debilitado. Muchos intuimos que el mundo en el que aprendimos a vivir ya no es exactamente el mundo que viene.
No es paranoia. Hay motivos. Pero la pregunta no es si la rabia está justificada. La pregunta es a dónde va esa rabia. Porque la rabia, cuando llega, suele tener dos puertas de salida. Una hacia fuera, transformada en algo. Otra hacia dentro, donde fermenta.
El que sale a hacer algo positivo con su enfado, aunque sea pequeño, suelta una parte. El que se lo traga en silencio, día tras día, mes tras mes, año tras año, se va volviendo como Colin. Sin enterarse.
Cuando me canso más de la cuenta, a veces me viene un pensamiento que me da un poco de vergüenza. Hay un monasterio franciscano en Gilet, en la provincia de Valencia, donde hice un retiro de cinco días hace unos veranos. En la hospedería, a cuarenta euros la noche, pensión completa.
Hago cuentas de cabeza, multiplico por treinta, y me sale más barato vivir ahí que en mi propia casa. No solo eso. Con ese nivel de gasto y el patrimonio que ya tengo más la pensión que me quedará, ya podría vivir allí el resto de mis días. Calmar el ruido. Comer caliente. Dormir pronto. Que los monjes hagan sus prácticas y a mí me dejen en paz.
Es una broma. Más o menos.
Lo cierto es que cada vez que pienso en irme al monasterio sé exactamente qué me está pasando. No quiero soportar más. Estoy harto. Es la fantasía idílica del que está cansado del ruido. Lo que me ha salvado del monasterio, figurada y literalmente, es la Escuela de Eudemonía.
La Escuela de Eudemonía nació, en parte, porque necesitaba un sitio donde transformar ese cabreo en lugar de tragármelo. Y nació porque, además, no quería hacerlo solo. Las cosas importantes no se hacen en soledad. Quería, necesitaba, tener un proyecto donde la rabia se convirtiera en aportación a los demás. Y eso me protege de mí mismo.
Pero si la Escuela fuera solo mía, no serviría. Lo que me sostiene es que el contenedor también es de otros. De muchos. El mes pasado dimos un paso que termina de cerrar esto. La Escuela es ahora Fundación. La Fundación Eudemonía.
No es solo un trámite. Una fundación no te hace mejor persona, pero te pone una exigencia delante. Te recuerda que lo que has creado ya no puede servir solo para calmarte a ti. Tiene que servir a otros.
Lo que empezó como un proyecto que Vero y yo soñamos hace tiempo, con un puñado de amigos que se fueron sumando, ya no es nuestro del todo. Tiene dueño nuevo. Y ese dueño nuevo es el interés general. Es decir, sois todos. Es la sociedad.
La Escuela, ahora Fundación, está más abierta que nunca.
Por eso, ahora más que nunca, en la Escuela, o mejor, en la Fundación, se puede consumir, pero también se puede crear. Hay quien llega buscando algo. Hay quien se queda porque encuentra. Y hay quien, al cabo de un tiempo, deja de estar sentado en la sala y se pone delante. Lee un texto que ha escrito. Cuenta una experiencia que le ha cambiado. Conduce una sesión. Aporta.
Esa es la diferencia entre una audiencia y una comunidad. Una audiencia recibe. Una comunidad también crea y comparte. Y nadie cuida las paredes de una casa porque sí. Las cuida porque las ha levantado un poco él también.
En el Encuentro Anual de este año, la semana que viene, varios miembros sostienen partes del programa. No estamos siempre los mismos delante. Están también los que han decidido pasar de recibir a aportar.
Robert Sapolsky, neuroendocrinólogo de Stanford, escribió hace años un libro precioso titulado Por qué las cebras no tienen úlceras. La tesis es sencilla. Cuando el león persigue a la cebra, la cebra se escapa o se la come. Si se escapa, a los diez minutos está pastando otra vez. No carga el suceso. No le da vueltas. El león para la cebra fue un episodio. No es identidad.
Nosotros somos otra cosa. Somos animales que conservamos la persecución mucho después de que el león se haya ido. Reproducimos la escena en la cabeza durante días, meses, años. A veces durante toda la vida.
Esa capacidad de rumiar, que nos ha permitido inventar civilizaciones, es la misma que más nos machaca cuando no encuentra salida.
El amargado no es el que ha tenido una vida más dura. Es el que se ha quedado a solas con sus leones más tiempo del que el cuerpo aguanta.
Yo no quiero ser la cebra que rumia durante décadas todo lo que le ocurrió. Pero tampoco quiero ni puedo ser la cebra anestesiada que pretende que el león no existió.
Quiero ser una tercera cebra. La que ve al león, lo reconoce, y decide qué hacer con la energía que le ha dejado el susto.
Para mí, esa decisión tiene un nombre. Se llama Fundación Eudemonía. Y, si lo deseas, esa decisión es tan tuya como mía. Aunque también es cierto que para ti puede llamarse de otra forma.
Un proyecto que te tiene en vela. Un grupo de amigos donde se respira honestamente. Una causa pequeña a la que dedicas un domingo al mes. Una conversación importante que llevas tiempo posponiendo y que hoy decides poner sobre la mesa. La preparación honesta de tus hijos para un mundo más difícil. Cuidar a alguien que lo necesita. Lo que sea.
Pero algo que haga de contenedor. Algo que convierta tu rabia y tu desafección en contribución, y no en amargura. Sin contenedor, terminas siendo un cascarrabias amargado. Con contenedor, sigues siendo tú.
¿Dónde está el tuyo? ¿Lo conoces? ¿Lo usas? Y si no lo tienes, ¿con quién lo vas a construir?
Sigamos llevando el fuego.
Patrocinador: Medita app
Medita es una App eudemónica que te acompaña para hacerte la vida mejor y más fácil. Con Medita puedes aprender a meditar, relajarte y calmar tu mente. Combina diferentes técnicas de relajación, visualización y mindfulness, enseñándote de una forma sencilla y acompañándote paso a paso. Si te suscribes ahora (en medita-app.com) a su plan anual, aparte del 40% de descuento que obtienes sobre el precio mensual, conseguirás un 10% adicional si utilizas el cupón “eudemonia” (minúscula y sin tilde). Para obtener este descuento adicional eudemónico debes suscribirte en su página web, medita-app.com.
Este Próximo Mes en la comunidad (🔒)
Eventos
🎙Masterclass #9 → EL TIEMPO YA NO SE HABITA, SE GESTIONA. La atención fragmentada en un mundo que enseña a producir, en el que vivimos acelerados… y ya no sabemos parar.
Lunes 1 de junio · 18:50 a 20:30 (hora Madrid) · Online por Zoom
Vivimos en una época que nos empuja constantemente hacia la velocidad. Saltamos de una tarea a otra, de una pantalla a otra, de un pensamiento a otro. Mientras hacemos una cosa, nuestra atención ya está en la siguiente.
La hiperestimulación se ha convertido en el paisaje habitual de nuestra vida. Información infinita, notificaciones, exigencias, ruido. Y aunque hemos aprendido a convivir con ello, nuestro cuerpo y nuestra mente pagan el precio: cansancio, dispersión, dificultad para concentrarnos o la sensación de no estar nunca del todo presentes.
Muchas veces intentamos resolver esto organizándonos mejor o siendo más productivos. Pero quizá la cuestión no sea cómo gestionamos nuestro tiempo.
Quizá la cuestión sea cómo lo habitamos.
Porque allí donde está nuestra atención, está también nuestra experiencia de la vida.
Por eso, quizá la pregunta no sea cuánto tiempo tenemos, sino algo más esencial:
¿Dónde está realmente mi atención?
¿Hace cuánto que no estoy completamente presente en lo que hago?
¿Estoy viviendo mi vida… o simplemente gestionándola?
A veces, recuperar el tiempo no consiste en tener más.
Consiste en volver a habitar el que ya tenemos.
¡No te la pierdas!
Encuentro Anual EDE. El 6 y 7 de junio.
En la Residencia Salesiana en Campello. Aún puedes reservar tu plaza en el Ágora Virtual (100€). Y también abrimos las últimas plazas para los que habéis hecho el CreaTuVida aunque no seáis miembros de la Escuela de Eudemonía (puedes inscribirte aquí por 240 €). Inscripciones hasta el 31 de mayo.
Serán 8 sesiones que no dejarán indiferente a nadie, con Rubén Escrivá, Verónica Menduiña, Mónica Serrano, Roxane Loiseaux, Daniel Poch, Óscar Martirena, Pablo Tovar… meditaciones con Guillermo Simó, energizers con Roxane cena eudemónica en La Vela. ¡Que no te lo cuenten!
La inscripción incluye todas las sesiones, la comida del sábado, tiempo en comunidad y un regalo muy especial.
Destacado
🐣🌿 2º Retiro Mindfulness EDE · 18 al 20 de septiembre
El próximo gran evento de nuestra comunidad tendrá lugar del 18 al 20 de septiembre en Salesianos El Encinar (Guadalajara).
Un fin de semana para detenernos, practicar, compartir y profundizar en la atención plena en un entorno especialmente cuidado para ello.
Estamos cerrando los últimos detalles y en los próximos días compartiremos toda la información. ¡Permanece atento!
📥 ¿Quieres recibir más epístolas? → Suscríbete gratis
🏫 ¿Quieres saber más de nosotros? → Conoce el proyecto
✌ ¿Quieres unirte a la Escuela? → Empieza aquí